domingo, 6 de octubre de 2019

Agarrar lo bueno

“Examinadlo todo; retened lo bueno”
1ª de Tesalonicenses 5:21

En la carta del apóstol Pablo a los cristianos de Tesalónica incluye varios consejos para una vida íntegra y perseverar en el amor fraternal, ese que es solidario y justo con las demás personas.

También les exhorta a examinar todas las cosas, que significa escudriñar, inquirir; eso quiere decir revisar a fondo, no solo ver lo superficial de las cosas que nos rodean, de lo que vemos, escuchamos y hablamos.

Pero ojo, examinar no es lo mismo que criticar, tampoco es juzgar a alguien; porque al hacerlo, buscamos los defectos o las cosas negativas, basándonos en algún prejuicio o idea previa sin consideración de las razones o motivos que le guían a hacer o no hacer algo.

Por otro lado, tampoco significa recibir sin cuestionar, sin analizar, sin revisar, sin verificar, sin entender el contexto de las cosas.

En los tiempos de la masiva circulación de información por medios digitales y analógicos, los mensajes que recibimos a diario pueden llegar a hastiarnos, causar preocupación o manipular nuestra opinión con fines determinados.

Por lo que ahora más que nunca resulta importante examinarlo todo y retener lo bueno, lo que de verdad nos sirva para tener una vida de integridad y para fortalecer el progreso de nuestra comunidad, de nuestra sociedad.

Por ejemplo, Internet es un inmenso océano de mensajes e imágenes, información que si no se usa de la forma adecuada puede servir para destruir. En esa abundancia de contenido prolifera de todo, como las llamadas “fake news”, los discursos y pleitos políticos, el racismo y todo tipo de discriminación que solo sirve para dividir y generar sentimientos de odio. Sin duda algo que no vale la pena retener.

Pero en medio de toda esa difusión también podemos encontrar cosas buenas, como este blog, por ejemplo jejeje (Era chiste, no me linchen).

Bueno, en serio, hay investigaciones muy buenas, artículos, noticias, comentarios, consejos; temas interesantes para estudiar. Solo por mencionar un tema.

Pero no es lo único que se puede revisar. 
Además de examinar los mensajes que recibimos, también se puede hacer una revisión interna. Sin duda un ejercicio bastante sano que nos ayuda a crecer como personas y crecer espiritualmente. Pero, ¿cómo podemos examinarnos, cómo saber si estamos bien o no? Claro, nadie admite sus errores y si lo hace, es después de mucho esfuerzo.

¿Podríamos asegurar nuestra integridad como el rey David y decir “Escudríñame, oh Jehová, y pruébame; Examina mis íntimos pensamientos y mi corazón”? (Salmo 26:2)
¿O podríamos decirle “Y ve si hay en mí camino de perversidad, Y guíame en el camino eterno”? (Salmo 139:24)
Sería interesante saber la respuesta. ¿Seremos de los tóxicos que hablan los memes o de los que practican la tolerancia? Dios y usted lo sabrán.

Y también vale la pena preguntarse ¿qué es lo bueno?
No necesariamente lo bueno es siempre lo que nos gusta, eso hay que tenerlo presente.

El joven rey Salomón se enfrentó a ese dilema cuando asumió el trono de Israel. Y en su preocupación dijo a Dios: “Da, pues, a tu siervo corazón entendido para juzgar a tu pueblo, y para discernir entre lo bueno y lo malo; porque ¿quién podrá gobernar este tu pueblo tan grande?” (1 Reyes 3:9)

Hay un dicho que dice algo así: “dale poder a una persona y verás realmente quién es”.
Válido no solo para las autoridades, sino para todo aquel que tiene un puesto de jefatura o tiene a otras personas bajo su cargo. Algunos mandos medios pueden dejar mucho qué desear cuando maltratan a su personal o no hacen las cosas como deben. Me atrevo a decir que bueno no es.

¿Qué hacer entonces?
Podemos seguir el consejo de Pablo: “No paguéis a nadie mal por mal; procurad lo bueno delante de todos los hombres” (Romanos 12:17)

O mejor como dijo Jesús: “Y como queréis que hagan los hombres con vosotros, así también haced vosotros con ellos” (Lucas 6:31).

No pues, nadie quiere que lo traten mal, nadie quiere que le mientan, nadie quiere que lo defrauden, que lo exploten, que le hagan daño o que le roben. Todo lo contrario, queremos que nos traten bien, que nos respeten, que no nos discriminen, que nos den la oportunidad de desarrollar nuestro talento, etcétera.

En este mundo donde abunda lo que nos daña (y por lógica sería lo malo), hagamos la diferencia y agarremos lo bueno. Y para hacerlo, hay que examinarlo todo, absolutamente todo.