domingo, 15 de enero de 2012

JESUCRISTO SALVA VIDAS

Juan 10:10 dice: “El ladrón no viene sino para hurtar y matar y destruir; yo he venido para que tengan vida, y para que la tengan en abundancia”.

Desde que los primeros moradores de la tierra pecaron, cayeron de la gracia de Dios y todos sus descendientes también recibieron la retribución de su pecado: la muerte. Romanos 6:23 lo dice “Porque la paga del pecado es muerte…”.

Antes de eso, Pablo dejó bien claro que tanto judíos como gentiles, están bajo pecado: Romanos 3:9.

Este aspecto no sólo se refiere a la muerte física, sino también a la muerte espiritual, a la separación del hombre con Dios.

Pero Dios notó que por nuestras propias fuerzas no podíamos salir de la prisión del pecado, por cuanto éramos sus esclavos; por lo que envió a su Hijo, en forma de hombre, para pagar el precio de nuestra libertad.

El diablo es quien hurta, mata y destruye las vidas, pero Cristo es quien nos da vida y una vida abundante, no solamente en este tiempo, sino también en el siglo venidero.

Muchas veces, como cristianos, nos dedicamos a esperar la vida nueva en el día de la venida del Señor, que hasta entonces seremos salvos y no disfrutamos de la vida nueva que Cristo nos dio.

2ª de Corintios 5: 17 nos declara “De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas”.

Ya no somos los mismos, ya no podemos ser los mismos.

Dios cuida de su creación y mucho más cuidará de nosotros aún de los aspectos materiales.

Mateo 6:31-32 “No os afanéis, pues, diciendo: ¿Qué comeremos, o qué beberemos, o qué vestiremos? Porque los gentiles buscan todas estas cosas; pero vuestro Padre celestial sabe que tenéis necesidad de todas estas cosas”.

Pero de alguna manera, el Señor permite que haya necesidades en la iglesia para probar nuestro corazón, para probar si de verdad estamos viviendo un evangelio de amor y de perdón o solamente estamos viviendo una vida religiosa.

Santiago 1:26-27 nos explica: “Si alguno se cree religioso entre vosotros, y no refrena su lengua, sino que engaña su corazón, la religión del tal es vana. La religión pura y sin mácula delante de Dios el Padre es esta: Visitar a los huérfanos y a las viudas en sus tribulaciones, y guardarse sin mancha del mundo”.

A veces nos quedamos con la idea de que la salvación que Cristo nos da solamente es la del alma, la parte inmaterial de nuestra vida, y se nos olvida que Jesús nos da una vida integral, nos da salvación, atención integral.

Nosotros no podemos quedarnos con que el bolito de la calle reciba al Señor y ya estuvo, si se muere hoy ya es salvo, sino que tenemos que darle seguimiento a las personas, pues su vida necesita ser cambiada, instruida, amada y el instrumento del Señor para su obra somos nosotros.

Santiago, en el capitulo 2:15- 16, dice “Y si un hermano o una hermana están desnudos, y tienen necesidad del mantenimiento de cada día, y alguno de vosotros les dice: Id en paz, calentaos y saciaos, pero no les dais las cosas que son necesarias para el cuerpo, ¿de qué aprovecha?”.

Pablo aconseja en 1ª Tesalonicenses 5:14-18: “También os rogamos, hermanos, que amonestéis a los ociosos, que alentéis a los de poco ánimo, que sostengáis a los débiles, que seáis pacientes para con todos. Mirad que ninguno pague a otro mal por mal; antes seguid siempre lo bueno unos para con otros, y para con todos. Estad siempre gozosos. Orad sin cesar. Dad gracias en todo, porque esta es la voluntad de Dios para con vosotros en Cristo Jesús”.

Colosenses 3:12-14 “Vestíos, pues, como escogidos de Dios, santos y amados, de entrañable misericordia, de benignidad, de humildad, de mansedumbre, de paciencia; soportándoos unos a otros, y perdonándoos unos a otros si alguno tuviere queja contra otro. De la manera que Cristo os perdonó, así también hacedlo vosotros. Y sobre todas estas cosas vestíos de amor, que es el vínculo perfecto”.

No pensemos si lo que hacemos los hacemos para una persona en específico, sino que es para el Señor, además de que debemos estar conscientes que todo le pertenece a él.

Hermanos, el mundo no entiende por qué nos abstenemos de lo que ellos llaman “placeres”, que sabemos que no dan verdadera felicidad, y sabemos que vivir la verdadera vida no es desperdiciar nuestra vida en eso, sino que la verdadera vida es la que Jesús nos da, la comunión con nuestro Dios.

Cristo nos reconcilió con Dios y con su muerte en la cruz vino a ser autor de eterna salvación.

Además, sabemos que la vida nuestra continúa más allá de la muerte.

Los griegos pensaban que el cuerpo era algo que impedía la verdadera vida y esperaban el momento en que el alma se liberaría de su prisión. Concebían la vida después de la muerte en función de la inmortalidad del alma, pero rechazaban firmemente toda idea de resurrección.

Los judíos estaban firmemente persuadidos de los valores del cuerpo, y pensaban que éstos no se perderían, por lo que esperaban la resurrección del cuerpo. Pero creían que sería exactamente el mismo cuerpo.

Los cristianos pensamos que el cuerpo sería resucitado, pero también transformado para convertirse en vehículo adecuado para una vida diferente en la era venidera.

1ª Corintios 15:51-52: “He aquí, os digo un misterio: No todos dormiremos; pero todos seremos transformados, en un momento, en un abrir y cerrar de ojos, a la final trompeta; porque se tocará la trompeta, y los muertos serán resucitados incorruptibles, y nosotros seremos transformados”.

1ª Tesalonicenses 4:16-18: “Porque el Señor mismo con voz de mando, con voz de arcángel, y con trompeta de Dios, descenderá del cielo; y los muertos en Cristo resucitarán primero. Luego nosotros los que vivimos, los que hayamos quedado, seremos arrebatados juntamente con ellos en las nubes para recibir al Señor en el aire, y así estaremos siempre con el Señor. Por tanto, alentaos los unos a los otros con estas palabras”.

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