martes, 12 de julio de 2011

Los periodistas también lloran

Los periodistas, fotoperiodistas y camarógrafos casi a diario cubrimos eventos de gran impacto social y emocional, como asesinatos, desastres naturales, crisis política, crisis económica y pobreza, que de alguna manera causan un impacto a nivel psicológico, físico y emocional.
En muchas oportunidades, por el afán de obtener la mayor y mejor información de estos hechos, los reporteros hasta podemos parecer indiferentes ante el dolor ajeno o que perdemos la sensibilidad humana ante las tragedias.
Pero todo eso es completamente diferente a la realidad.
Una reciente charla con la periodista de gran trayectoria internacional, Donna Cesare, nos hizo ver que hasta los mejores y más prestigiosos periodistas del mundo han derramado lágrimas luego de cubrir eventos trágicos.
La misma Cesare confesó que lloró durante la cobertura informativa del asesinato de los religiosos jesuitas de la Universidad Centroamericana, en 1989.
Por supuesto, no faltan los colegas que creen que llorar o expresar empatía hacia los protagonistas de un evento noticioso es falta de profesionalismo, cuando la realidad demuestra lo contrario.
Los hombres y las mujeres que trabajamos en las salas de prensa de cualquier medio de comunicación no tenemos ningún tipo de blindaje o escudo contra el dolor, ni contra el estrés. Corremos el riesgo de tener un trauma psicológico, las emociones acumuladas se convierten en bombas de tiempo que causan daño. De ahí la importancia de darle espacio a las emociones.
Los traumas psicológicos tienen reacciones físicas como: insomnio, fatiga, dolor de cabeza, náuseas, rechinamiento de los dientes, dolor de espalda, aumento de la presión arterial, estreñimiento, indigestión, diarrea, sudoración, calambres, enojo, sensación de hiperactividad, tendencia a apartarse de los demás y muchas otras.
Los periodistas siempre llevamos una carrera contra reloj, pasarse de la hora de cierre es un error que no se puede cometer; pero en medio de este ir y venir diario, hace falta detenerse un instante para respirar profundo y definir bien nuestras prioridades.
Cuando hay que correr, corramos; cuando hay que preguntar, preguntemos; cuando hay que callar, callemos y cuando hay que llorar, lloremos.

El buen periodista no es el más insensible, el buen periodista es que el no olvida que también es humano.

En conmemoración al Día del Periodista (31 de julio en El Salvador), felicidades a todos los colegas y suerte.

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